un terror milenario

22 | 12 | 2008

Accordeon | Mergana

Accordeon

Imagine que en el pequeño templo propuesto hay un pedestal, A B C D, en el que se ubica un pequeño altar, E D. A través del altar inserte un tubo, F G, cuyo extremo F entre en el altar y el extremo G en un globo, H, que alcanza casi a su centro; el tubo debe soldarse dentro del globo en el que también se pone un sifón curvado, K L M. Haga que las bisagras de las puertas de enganchen hacia fuera y los ejes giren libremente en la base A B C D; y desde las bisagras haga que partan dos cadenas que corran juntas, atadas, por medio de una polea a un recipiente hueco, N X, que se halla suspendido (de una polea); mientras, otras cadenas giran juntas alrededor de las bisagras en la dirección opuesta a las anteriores, atadas por medio de una polea a un peso de plomo, que al descender cerrará las puertas. Imagine que la pierna exterior del sifón K L M lleva un recipiente suspendido; a través de un agujero, P, que debe cerrarse cuidadosamente después de que haya suficiente agua dentro del globo para llenar la mitad de él. Se encontrará que, cuando el fuego aumenta el calor, el aire caliente en el altar se expande hacia espacios más grandes; y, pasando por el tubo F G dentro del globo, expulsa el líquido contenido en el sifón K L M dentro del recipiente, el cual descenderá por su peso, tirará de las cadenas y abrirá las puertas. De nuevo, cuando el fuego se extingue, el aire rarificado escapa a través de los agujeros en el costado del globo, y el sifón curvado (cuyo extremo estará sumergido en el agua del recipiente suspendido) depositará el líquido en el recipiente llenando el vacío creado (…). Cuando el recipiente aligere su peso, la puerta se cerrará.

Este farragoso texto, atribuido a Herón de Alejandría, es el antecesor directo de todas las puertas de hipermercado que se abren activadas por una célula fotoeléctrica.

Fuentes: Ordóñez, J.; Navarro, V.; Sánchez Ron, J. M.: Historia de la ciencia, Espasa, 2005.